c Los condones y la iglesia

Niños de Marbella Obra de Pedro Ali

No existe ningún país en el cual la estrategia de abstinencia y prohibición del sexo fuera del matrimonio, haya demostrado su efectividad.

Fredy Armando Rincón Ortiz.*

Defensores y detractores del condón han invertido bastante energía para privilegiar su posición frente a la opinión pública. El origen de esta disputa en épocas recientes puede rastrearse a comienzos del presente siglo en los Estados Unidos, cuando en el año 2001 el Instituto Nacional de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) de ese país presentó su evaluación acerca de la efectividad del condón.

La presentación del informe y las consecuencias del mismo son un buen ejemplo de cómo los intereses políticos y el desarrollo de la ciencia están mutuamente influenciados. La realización de dicha evaluación fue impulsada por políticos del partido republicano quienes desde la década de los noventa venían cuestionando las políticas gubernamentales para la anticoncepción y la prevención de ITS. La hegemonía de los conservadores (o republicanos) en el ambiente político de los Estados Unidos logró que de acuerdo a sus intereses, se presionara a las instituciones responsables del tema de la salud como la Agencia Internacional para el desarrollo (USAID), el Centro de Control de Enfermedades (CDC) y la Oficina Federal de Medicamentos (FDA) a solicitar la evaluación del condón (Boonstra, 2003).

En el informe, la conclusión principal surgida del análisis de las investigaciones científicas disponibles sobre el tema, fue que: “El uso adecuado del condón previene de embarazos indeseados, la infección del VIH y de gonorrea en hombres”. También, de acuerdo con las investigaciones realizadas hasta ese momento se señaló que se necesitaba realizar estudios adicionales para probar la efectividad del condón contra otras enfermedades de transmisión sexual como la clamidia, la sífilis, el chancro, la tricomoniasis, el herpes genital y el papiloma humano.

Pese a lo anterior, las conclusiones del reporte fueron utilizadas por los conservadores para afirmar por medios de comunicación que: “Los condones no son efectivos para prevenir la transmisión de la mayoría de las ITS”. Esta estrategia de desinformación empleada por los conservadores en el país del norte fue retomada por otras instituciones que se han opuesto al empleo del uso del condón porque su empleo choca contra su ideología. En este aspecto las iglesias cristianas de los Estados Unidos y la iglesia católica en Latinoamérica han encontrado un punto de encuentro.

En este contexto, representantes de la iglesia católica en Colombia se han sumado a la cruzada en contra del condón. Representantes oficiales de la iglesia han aparecido en los medios de comunicación poniendo en duda la efectividad del condón e incluso cuestionando las estrategias de los organismos de salud dirigidos a prevenir la difusión de enfermedades asociadas al ejercicio de la sexualidad. Desafortunadamente los comentarios de los jerarcas han tenido resonancia entre algunos sectores de la población; por ejemplo, es frecuente escuchar en jóvenes bogotanos comentarios acerca de la inutilidad del uso del condón.

Más allá del debate ideológico, lo cierto es que no existe un país en el cual la estrategia de la abstinencia y la prohibición del sexo fuera del matrimonio -como estrategias propuestas por algunos sectores conservadores y la iglesia- hayan demostrado su efectividad para detener la pandemia del sida. En cambio si se ha demostrado como las campañas masivas a favor del empleo del condón, como en Tailandia, han reducido sustancialmente la expansión del vih y la transmisión de ITS (Cates, 2001).

De esta manera, considero que en un país pluralista y democrático como lo establece nuestra constitución, los diferentes credos religiosos pueden proponer estilos de vida para sus creyentes de acuerdo a sus dogmas. Sin embargo, faltar a la verdad al querer dar cátedra sobre situaciones que no son de su especialidad como es la efectividad del condón, demuestra que a la iglesia le ha faltado debate ético a su interior para impedir que las declaraciones de algunos de sus representantes contradigan las políticas de salud de un país y ponga en riesgo la salud de todos los ciudadanos incluso la de sus creyentes.


Referencias:
Boonstra, H. (2003) Public health advocates say campaign to disparage threatens STD prevention efforts [versión electrónica]. Family Planning Perspectives, 6, (1).
Cates, W. (2001). The NIH report [versión electrónica] Family Planning Perspectives, 33, (5).

*Fredy Rincón: Psicólogo y Magíster en investigación psicosocial, activista en temas LGBT. Correo: consultafredy@yahoo.com

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