¿Cuál
es la relación de UNODC y ONUSIDA?
ONUSIDA es un programa interagencial que tiene el propósito
de aumentar al máximo la eficiencia y el impacto
de las Naciones Unidas en el campo del vih y el sida, combinando
la experiencia, los esfuerzos y los recursos de nueve organizaciones:
UNICEF, PNUD, UNFPA, UNESCO, OMS, OIT, Banco Mundial, PAM
y UNODC. UNODC trabaja, sobre el problema de las drogas
y el delito transnacional organizado. El uso indebido de
sustancias psicoactivas -SPA- tiene consecuencias nocivas
para la salud, el bienestar, la convivencia, la seguridad
y la educación, entre otros.
UNODC hace parte del Grupo Temático, comprometido
con las demás organizaciones y apoyando al país
en el diseño y puesta en marcha de programas de prevención
y de atención. Hemos sido parte de la formulación
de la estrategia nacional para Colombia y hemos trabajado
un programa de prevención con el sector turístico
en San Andrés Islas y los departamentos de la Costa
Atlántica.
¿Cuál es la relación
entre drogas y vih?
Durante el período de la pubertad, cantidad de jóvenes
empiezan a consumir alcohol, a tomar medicamentos y/o drogas.
Algunos se inyectan la droga por vía intravenosa
y corren el riesgo de infectarse con el vih al intercambiar
jeringas. El consumo de drogas, en algunos casos, crea indiferencia
hacia si mismo y el propio cuerpo. Con frecuencia, los consumidores
atribuyen poca importancia a su salud y, sin preocuparse
de las consecuencias, comparten jeringas o tienen relaciones
sexuales sin protección; por otra parte, la utilización
de SPA tiene una influencia neta en la no adopción
de medidas protectoras, en la pobre negociación para
el uso de métodos de barrera y en la disminución
de la percepción del riesgo personal. Además
de lo anterior, el consumo de SPA se encuentra francamente
asociado a estilos de vida (tipo de pareja y clase de encuentros
sexuales), a normatividad social permisiva, sitios de consecución
y consumo de drogas, circunstancias de consumo y factores
económicos que lo influencian. Todos estos elementos
pueden asociarse con un incremento en el riesgo de transmisión
del vih. En cuanto al alcohol es percibido como un elemento
de socialización, como desinhibidor para facilitar
interacciones sociales y conductas sociales que difícilmente
se implementarían "en sano juicio"; el
empleo de bebidas alcohólicas se encuentra asociado
a vida sexual desprotegida, en parte a dificultades de juicio,
asociados con una toma de decisión racional y lógica,
al sentimiento de omnipotencia que incide en la poca percepción
del riesgo.
¿Cuál es la situación
en Colombia?
De acuerdo con los resultados de la encuesta de comportamientos
efectuada por ONUSIDA durante la campaña de la prueba
voluntaria en 1994, el 80% de los individuos que resultaron
seropositivos para vih, admitieron tener frecuentemente
relaciones sexuales penetrativas no protegidas, bajo el
efecto del alcohol. También se evidenció la
directa relación entre la frecuencia de prácticas
sexuales bajo influencia de sustancias psicoactivas (SPA)
y la historia de episodios previos de ITS (Infecciones de
transmisión Sexual) y se observó una mayor
frecuencia de consumo de alcohol y otras SPA entre las personas
que acudieron a tomarse la prueba por considerarse en mayor
riesgo de adquirir la infección por vih. Se requieren
más investigaciones en diferentes marcos socioculturales,
que permitan precisar mejor el tipo de relación existente
entre alcohol/vida sexual en nuestro país.
¿Con
su experiencia como compararía esta situación
con otros lugares?
Desafortunadamente
no veo en Colombia alguna diferencia con la experiencia
del resto del mundo. En muchos países los gobiernos
no han reaccionado a la vulnerabilidad de su población
hasta cuando la infección ha tenido estadísticas
evidentemente preocupantes. He liderado el proceso de cambio
de actitud en Indonesia y en algunas provincias de China:
por eso estoy convencido que se puede cambiar la actitud
de los líderes. Pero es un proceso que necesita un
gran trabajo de los organismos internacionales y de la sociedad
civil. El aspecto que tiene carácter grave en Colombia
es el hecho que la baja tasa de prevalencia se utiliza como
justificación de baja prioridad en la intervención
del Estado, mientras debería ser interpretada como
una oportunidad para subir la protección de la gente
mientras todavía el riesgo de infección se
queda bajo.
En Latinoamérica
se puede observar diferencias importantes. Mientras Brasil
continúa avanzando con enfoques de reducción
de daños para enfrentar la problemática Sida-drogas
estableciendo esto como política pública que
ha permitió una notable estabilización de
la epidemia, Argentina y Uruguay siguen tratando de implementar
esta forma de trabajo para abordar el problema en una etapa
de clara urgencia epidemiológica. En Chile y Paraguay
se registra que los usuarios-as de drogas presentan conductas
sexuales desprotegidas aumentando el riesgo de infección.
Uno de los problemas que se repite en toda la región
es la condición de marginalidad y exclusión
en que viven las personas que son calificadas como usuarios
problemáticos de drogas. Estas personas no acuden
a los centros de salud, ni demandan directamente apoyo,
ni atención para reducir los daños de su consumo;
son sujetos jóvenes, de sectores pobres, que se encuentran
excluidos y en situación de marginalidad; están
más cerca de enfrentar graves riesgos sociales, de
los cuales la infección por vih, es uno de los más
peligrosos. Por esto es urgente desarrollar políticas
que puedan romper con el aislamiento social que viven ampliando
las modalidades de atención; Esto significa no sólo
esperar la demanda sino generar iniciativas para llegar
a ellos-as.