c Diez valores para enfrentar el sida

Pareja Bailando Obra de Fernando Botero

Lo justo para quienes no tienen el vih es que se pongan en juego las estrategias para evitar que adquieran el virus.

*Ricardo Luque Núñez, MD

Hay quienes predican que los mensajes preventivos en sida deben apuntar más a la formación en valores que a promocionar una herramienta de protección como lo es el condón. Esto es claro para los programas preventivos y desde lo institucional nunca se propone el condón como un fin en sí mismo, —lo que aproximaría las campañas de prevención a las de las casas productoras de preservativos—, sino como un medio para la protección que se inserta en procesos más amplios de comunicación y de toma de decisiones que apunten con un sentido ético, a la búsqueda de lo bueno (la salud individual) y de lo justo (la salud pública) sin que en esto exista contradicción de términos. Muchas veces se dice que hay que educar en valores, pero la propuesta queda un tanto corta si no se especifican cuales. Desde aquí se apuesta por los valores democráticos, que guían a las sociedades pluralistas y que respetan todos los credos. Proponemos entonces unos mínimos que pueden compartirse, independientemente del horizonte de comprensión moral.

RESPETO: Un principio fundamental para controlar el sida es el respeto por el ser humano y por su dignidad. Se respeta uno mismo y a la pareja. El respeto implica una mirada al otro como ser humano, independientemente de su estilo de vida o su sexualidad. Cada quien tiene su propia historia, su propia visión del mundo y tiene unos derechos que debemos respetar, alguien con quien vale la pena entenderse y con quien se puede llegar a acuerdos preventivos. Cada persona es un fin en sí misma y no simplemente un medio para la satisfacción o placer. Se debe otorgar y exigir respeto en las relaciones de pareja, en los procesos educativos, en la relación médico-paciente, en los medios de comunicación y en general en cada ámbito de la vida. ¡Respeto! Nada más, pero tampoco, nada menos.

SOLIDARIDAD: La solidaridad o fraternidad, implica capacidad de empatía, de ponerse en los zapatos del otro, de condolerse y compartir sentimientos. Es muy fácil ser solidario con las personas a quienes amamos, no así con los desconocidos. Por lo mismo, la solidaridad se da ante todo con los anónimos. La solidaridad humaniza, deja ver que quien la practica, comparte un profundo sentimiento de encuentro con el otro, de reconocimiento de la dignidad humana. Si del sida se trata, es vital dar un nuevo significado a la solidaridad: más allá de los sentimientos de compasión y el apoyo que sin duda merecen las personas afectadas por la epidemia, debemos solidarizarnos con quien está sano, con todos aquellos que aún no han adquirido la infección. Solidaridad de cuerpo social, de respeto y cuidado mutuo.

TOLERANCIA: Entendida como convivencia o tolerancia activa y no como tolerancia pasiva. Muchas veces se acepta a quien es diferente con resignación y conformismo, siempre y cuando no pretenda igualdad de derechos u oportunidades. En otras palabras: hay personas muy tolerantes con quienes están infectados o con sida, siempre y cuando no los tengan de vecinos o no estudien en el mismo colegio de sus hijos. La tolerancia reconoce unos derechos que son universales y obliga al cumplimiento de unos deberes para con el otro, así no se comparta su particular credo o estilo de vida. Históricamente, la intolerancia y marginalización que se dan hacia grupos minoritarios como los homosexuales, los drogadictos o las personas en situación de prostitución, reforzadas con el estigma del sida, han dificultado mucho la tarea preventiva. Si una persona teme ser sujeto de discriminación o rechazo como consecuencia de ser quien es, se excluirá de los procesos de prevención o asistencia médica. En consecuencia, la epidemia permanece oculta, mientras se desliza y crece por entre los intersticios del miedo y la exclusión.

DIÁLOGO: El diálogo como búsqueda de la verdad compartida, nos acerca a la comprensión y entendimiento de las diferencias, permite buscar una salida al conflicto y es condición clave para el acercamiento. Para prevenir el sida, siempre es bueno entrar a concertar, a dialogar con la pareja, pero también con quien nos va a hacer un tatuaje o un “piercing”, o con el médico que nos va a realizar una transfusión. Se necesita saber argumentar y saber cuáles son las mejores alternativas preventivas para cada caso en particular. Para el diálogo se requiere del reconocimiento del otro como igual, como “interlocutor válido”. Esto quiere decir como, alguien con quien vale la pena entenderse y con quien se puede llegar a acuerdos mutuos. Los acuerdos preventivos implican que cada cual quiere lo mejor, no sólo para sí mismo sino para el otro, que se buscará asumir un comportamiento que favorezca la salud y proteja la vida.

LIBERTAD: Capacidad que tenemos de decidir, de obrar con autonomía y fijar nuestros propios límites. Podemos optar por formas para protegernos del sida, por el curso de nuestras propias vidas. Libertad es la capacidad para forjarse el propio destino. Muy ligada al concepto de responsabilidad, la libertad no implica hacer todo lo que uno quiera, sino capacidad de responder por mis actuaciones. Solo se puede ser libre en la medida en que se respete la libertad de los demás. Frente al sida podemos optar por hablar o no con nuestra(s) pareja(s), por usar o no el condón, por realizarnos o no la prueba diagnóstica, por informarnos o continuar creyendo en mitos y estereotipos. Podemos ser solidarios o permanecer indiferentes. Cada decisión traerá sus propias consecuencias. Somos libres de valorarlas y escogerlas.

RESPONSABILIDAD: Entendida como la habilidad para responder. La persona responsable da razones de su actuar y justifica los resultados de sus acciones. Se responde ante la ley, ante las directivas institucionales y ante la sociedad. Pero principalmente ante uno mismo, ante su proyecto de vida y su sentido de trascendencia en el mundo. Es conveniente distinguir entre responsabilidad y culpa. La culpa genera parálisis, sentimientos de minusvalía y condenación. La responsabilidad moviliza a la acción. Sin embargo, con el sida se tiende a culpabilizar, a buscar chivos expiatorios o a realizar cacería de brujas. Siempre el problema parece estar en el afuera, en los otros. Pocas veces asumimos la responsabilidad. ¿Cuál es la diferencia entre “me infectó” y “me infecté con”? Si seguimos pensando que el sida es algo que les sucede a otros, o que es consecuencia de lo que los demás hacen o dejan de hacer, nunca vamos a asumir el sida como una realidad que, a partir de nosotros mismos, podemos evitar.

HONESTIDAD: Es la coherencia entre pensamientos, palabras y acciones. La honestidad para con uno mismo hace ganar credibilidad e inspira confianza en los demás. Para prevenir el sida debemos ser conscientes de lo que es bueno o apropiado para nuestras propias vidas y comportarnos consecuentemente. Sabemos que el sida se transmite a través de las relaciones sexuales, pero la sexualidad es un tema tabú y las personas prefieren no hablar del tema o hablarlo a medias. Muchas veces se maneja la relación de pareja con agendas ocultas, mentirillas y pequeños intereses encubiertos que quitan transparencia a la comunicación y han puesto en riesgo la vida de muchas personas. Tener una apariencia interna y otra externa crea obstáculos y genera daños. La honestidad se transluce en las propias acciones y se caracteriza porque no hay nada que ocultar. Tratándose del sida, siempre habrá que preguntarse si es preferible llorarse las mentiras o cantarse las verdades.

JUSTICIA: Mediante la Justicia se tiende a dar a cada cual lo que se merece o le corresponde. La justicia supone un modo de “justificar”, de dar razones de mi actuar. Para que se haga justicia es necesario crear condiciones de igualdad. La desigualdad empobrece y da paso a la injusticia. Las personas justas obedecen a un orden o medida y más que el beneficio particular, buscan el mayor bienestar colectivo. De forma similar, la prevención del sida busca lo que más conviene a todos. Lo justo para quienes no tienen la infección es que se pongan en juego todas las estrategias disponibles para evitar que el virus se expanda. Lo justo para quienes ya adquirieron la infección es que entre todos busquemos la mejor manera de garantizar el mantenimiento y cuidado de su salud. Lo justo para todos es que, como sociedad, seamos capaces de responder a los retos de la epidemia, generando condiciones de equidad sin violentar los derechos humanos y sin propiciar la discriminación.

COMPROMISO: Actitud de lealtad, de cumplimiento hacia la palabra empeñada. Cada vez se requiere de un mayor compromiso por parte de los gobiernos, de las iglesias, de los educadores, de la empresa privada, de los medios de comunicación, de los dueños de las aseguradoras, de los profesionales de la salud y en últimas de todos y cada uno de nosotros. Son muchos los pactos que podemos realizar y cumplir, si realmente nos lo proponemos. En últimas, no será difícil si todos apuntamos al mismo fin: controlar la epidemia. El compromiso está ligado a un actuar de buena fe, aún ante circunstancias cambiantes o situaciones que puedan resultar no muy beneficiosas o aún perjudiciales para uno. Los derechos de las personas infectadas o con mayor grado de vulnerabilidad me generan ciertos deberes. Me comprometo a aportar mi granito de arena, a prevenir el propio caso, a facilitar los procesos educativos, a no rechazar, a no juzgar ni condenar. Desde una perspectiva histórica, el sida apenas comienza y las consecuencias de nuestras elecciones hoy no podrán dejarnos indiferentes mañana.

AMOR: Fuerza que nos motiva y orienta, que despierta nuestro anhelo o interés. El amor es deseo y pasión por el objeto amado, pero también es felicidad por los logros o bienestar del otro. El amor es bien intencionado, desinteresado, desprendido y solidario. El amor es alegre y busca siempre la verdad. El amor no es egoísta y es capaz de respetar la diferencia. El amor es transformador, a través del amor es que realmente podemos cambiar el mundo. La prevención del sida trasciende el amor de pareja y se abre a otros ámbitos: hacia todo lo que posea un rostro humano. Sin embargo, no hay que llamarse a engaños: el amor ayuda pero no protege. Por el contrario, por amor me protejo y uso preservativos, por amor lo primero es no hacer daño, por amor respeto y cuido, por amor me informo, por amor busco no sólo lo bueno o lo correcto, sino lo justo. Gracias al amor dialogo y me comunico. La fuerza del amor nos impulsa a continuar. No se puede concebir la fraternidad sin amor, sin amor no soy libre, inclusive libre de perdonar y volver a comenzar.

*Médico especialista en bioética y en ética y pedagogía de valores. Actualmente se desempeña como Asesor en vih y sida en la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de la Protección Social.


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