RESPETO:
Un principio fundamental para controlar el sida es el respeto
por el ser humano y por su dignidad. Se respeta uno mismo
y a la pareja. El respeto implica una mirada al otro como
ser humano, independientemente de su estilo de vida o su
sexualidad. Cada quien tiene su propia historia, su propia
visión del mundo y tiene unos derechos que debemos
respetar, alguien con quien vale la pena entenderse y con
quien se puede llegar a acuerdos preventivos. Cada persona
es un fin en sí misma y no simplemente un medio para
la satisfacción o placer. Se debe otorgar y exigir
respeto en las relaciones de pareja, en los procesos educativos,
en la relación médico-paciente, en los medios
de comunicación y en general en cada ámbito
de la vida. ¡Respeto! Nada más, pero tampoco,
nada menos.
SOLIDARIDAD:
La solidaridad o fraternidad, implica capacidad de empatía,
de ponerse en los zapatos del otro, de condolerse y compartir
sentimientos. Es muy fácil ser solidario con las
personas a quienes amamos, no así con los desconocidos.
Por lo mismo, la solidaridad se da ante todo con los anónimos.
La solidaridad humaniza, deja ver que quien la practica,
comparte un profundo sentimiento de encuentro con el otro,
de reconocimiento de la dignidad humana. Si del sida se
trata, es vital dar un nuevo significado a la solidaridad:
más allá de los sentimientos de compasión
y el apoyo que sin duda merecen las personas afectadas por
la epidemia, debemos solidarizarnos con quien está
sano, con todos aquellos que aún no han adquirido
la infección. Solidaridad de cuerpo social, de respeto
y cuidado mutuo.
TOLERANCIA:
Entendida como convivencia o tolerancia activa y no como
tolerancia pasiva. Muchas veces se acepta a quien es diferente
con resignación y conformismo, siempre y cuando no
pretenda igualdad de derechos u oportunidades. En otras
palabras: hay personas muy tolerantes con quienes están
infectados o con sida, siempre y cuando no los tengan de
vecinos o no estudien en el mismo colegio de sus hijos.
La tolerancia reconoce unos derechos que son universales
y obliga al cumplimiento de unos deberes para con el otro,
así no se comparta su particular credo o estilo de
vida. Históricamente, la intolerancia y marginalización
que se dan hacia grupos minoritarios como los homosexuales,
los drogadictos o las personas en situación de prostitución,
reforzadas con el estigma del sida, han dificultado mucho
la tarea preventiva. Si una persona teme ser sujeto de discriminación
o rechazo como consecuencia de ser quien es, se excluirá
de los procesos de prevención o asistencia médica.
En consecuencia, la epidemia permanece oculta, mientras
se desliza y crece por entre los intersticios del miedo
y la exclusión.
DIÁLOGO:
El diálogo como búsqueda de la verdad compartida,
nos acerca a la comprensión y entendimiento de las
diferencias, permite buscar una salida al conflicto y es
condición clave para el acercamiento. Para prevenir
el sida, siempre es bueno entrar a concertar, a dialogar
con la pareja, pero también con quien nos va a hacer
un tatuaje o un “piercing”, o con el médico
que nos va a realizar una transfusión. Se necesita
saber argumentar y saber cuáles son las mejores alternativas
preventivas para cada caso en particular. Para el diálogo
se requiere del reconocimiento del otro como igual, como
“interlocutor válido”. Esto quiere decir
como, alguien con quien vale la pena entenderse y con quien
se puede llegar a acuerdos mutuos. Los acuerdos preventivos
implican que cada cual quiere lo mejor, no sólo para
sí mismo sino para el otro, que se buscará
asumir un comportamiento que favorezca la salud y proteja
la vida.
LIBERTAD:
Capacidad que tenemos de decidir, de obrar con autonomía
y fijar nuestros propios límites. Podemos optar por
formas para protegernos del sida, por el curso de nuestras
propias vidas. Libertad es la capacidad para forjarse el
propio destino. Muy ligada al concepto de responsabilidad,
la libertad no implica hacer todo lo que uno quiera, sino
capacidad de responder por mis actuaciones. Solo se puede
ser libre en la medida en que se respete la libertad de
los demás. Frente al sida podemos optar por hablar
o no con nuestra(s) pareja(s), por usar o no el condón,
por realizarnos o no la prueba diagnóstica, por informarnos
o continuar creyendo en mitos y estereotipos. Podemos ser
solidarios o permanecer indiferentes. Cada decisión
traerá sus propias consecuencias. Somos libres de
valorarlas y escogerlas.
RESPONSABILIDAD:
Entendida como la habilidad para responder. La persona responsable
da razones de su actuar y justifica los resultados de sus
acciones. Se responde ante la ley, ante las directivas institucionales
y ante la sociedad. Pero principalmente ante uno mismo,
ante su proyecto de vida y su sentido de trascendencia en
el mundo. Es conveniente distinguir entre responsabilidad
y culpa. La culpa genera parálisis, sentimientos
de minusvalía y condenación. La responsabilidad
moviliza a la acción. Sin embargo, con el sida se
tiende a culpabilizar, a buscar chivos expiatorios o a realizar
cacería de brujas. Siempre el problema parece estar
en el afuera, en los otros. Pocas veces asumimos la responsabilidad.
¿Cuál es la diferencia entre “me infectó”
y “me infecté con”? Si seguimos pensando
que el sida es algo que les sucede a otros, o que es consecuencia
de lo que los demás hacen o dejan de hacer, nunca
vamos a asumir el sida como una realidad que, a partir de
nosotros mismos, podemos evitar.
HONESTIDAD:
Es la coherencia entre pensamientos, palabras y acciones.
La honestidad para con uno mismo hace ganar credibilidad
e inspira confianza en los demás. Para prevenir el
sida debemos ser conscientes de lo que es bueno o apropiado
para nuestras propias vidas y comportarnos consecuentemente.
Sabemos que el sida se transmite a través de las
relaciones sexuales, pero la sexualidad es un tema tabú
y las personas prefieren no hablar del tema o hablarlo a
medias. Muchas veces se maneja la relación de pareja
con agendas ocultas, mentirillas y pequeños intereses
encubiertos que quitan transparencia a la comunicación
y han puesto en riesgo la vida de muchas personas. Tener
una apariencia interna y otra externa crea obstáculos
y genera daños. La honestidad se transluce en las
propias acciones y se caracteriza porque no hay nada que
ocultar. Tratándose del sida, siempre habrá
que preguntarse si es preferible llorarse las mentiras o
cantarse las verdades.
JUSTICIA:
Mediante la Justicia se tiende a dar a cada cual lo que
se merece o le corresponde. La justicia supone un modo de
“justificar”, de dar razones de mi actuar. Para
que se haga justicia es necesario crear condiciones de igualdad.
La desigualdad empobrece y da paso a la injusticia. Las
personas justas obedecen a un orden o medida y más
que el beneficio particular, buscan el mayor bienestar colectivo.
De forma similar, la prevención del sida busca lo
que más conviene a todos. Lo justo para quienes no
tienen la infección es que se pongan en juego todas
las estrategias disponibles para evitar que el virus se
expanda. Lo justo para quienes ya adquirieron la infección
es que entre todos busquemos la mejor manera de garantizar
el mantenimiento y cuidado de su salud. Lo justo para todos
es que, como sociedad, seamos capaces de responder a los
retos de la epidemia, generando condiciones de equidad sin
violentar los derechos humanos y sin propiciar la discriminación.
COMPROMISO:
Actitud de lealtad, de cumplimiento hacia la palabra empeñada.
Cada vez se requiere de un mayor compromiso por parte de
los gobiernos, de las iglesias, de los educadores, de la
empresa privada, de los medios de comunicación, de
los dueños de las aseguradoras, de los profesionales
de la salud y en últimas de todos y cada uno de nosotros.
Son muchos los pactos que podemos realizar y cumplir, si
realmente nos lo proponemos. En últimas, no será
difícil si todos apuntamos al mismo fin: controlar
la epidemia. El compromiso está ligado a un actuar
de buena fe, aún ante circunstancias cambiantes o
situaciones que puedan resultar no muy beneficiosas o aún
perjudiciales para uno. Los derechos de las personas infectadas
o con mayor grado de vulnerabilidad me generan ciertos deberes.
Me comprometo a aportar mi granito de arena, a prevenir
el propio caso, a facilitar los procesos educativos, a no
rechazar, a no juzgar ni condenar. Desde una perspectiva
histórica, el sida apenas comienza y las consecuencias
de nuestras elecciones hoy no podrán dejarnos indiferentes
mañana.
AMOR:
Fuerza que nos motiva y orienta, que despierta nuestro anhelo
o interés. El amor es deseo y pasión por el
objeto amado, pero también es felicidad por los logros
o bienestar del otro. El amor es bien intencionado, desinteresado,
desprendido y solidario. El amor es alegre y busca siempre
la verdad. El amor no es egoísta y es capaz de respetar
la diferencia. El amor es transformador, a través
del amor es que realmente podemos cambiar el mundo. La prevención
del sida trasciende el amor de pareja y se abre a otros
ámbitos: hacia todo lo que posea un rostro humano.
Sin embargo, no hay que llamarse a engaños: el amor
ayuda pero no protege. Por el contrario, por amor me protejo
y uso preservativos, por amor lo primero es no hacer daño,
por amor respeto y cuido, por amor me informo, por amor
busco no sólo lo bueno o lo correcto, sino lo justo.
Gracias al amor dialogo y me comunico. La fuerza del amor
nos impulsa a continuar. No se puede concebir la fraternidad
sin amor, sin amor no soy libre, inclusive libre de perdonar
y volver a comenzar.