c Sexo, drogas y supervirus

Insomnio Obra de Pedro Ali

No se trata de dónde o con quién, si no cómo se practica el sexo.

Joan Tallada*

Uno de los debates más apasionados que trajo consigo la crisis del vih y el sida en los ochenta se dio en EE UU y giro en torno a los saunas o baños públicos frecuentados por hombres gay. Situémonos: primeros años de la epidemia, en plena revolución conservadora reaganiana, sin una idea precisa de todo lo que iba a significar el vih pero ya con mucho miedo en el cuerpo, y sin tratamiento a la vista a corto plazo.

Se formaron dos bandos. En uno, las autoridades sanitarias y no pocos activistas gay de la época que defendían el cierre de los saunas porque eran espacios donde se tenían relaciones sexuales múltiples sin protección. En el otro, también activistas gay y de derechos humanos que se opusieron a una restricción de los derechos a la intimidad y la libertad y que entendían la medida contraproducente. Perdieron estos últimos y los baños fueron clausurados por decenas en Nueva York, San Francisco y otras ciudades.

Claro que los hombres gay que deseaban tener relaciones sexuales anónimas no desaparecieron, y buscaron entonces alternativas al cierre de los saunas. Proliferaron las “sex party” en casas particulares, con citas propagadas de boca a oreja, los clubes sexuales más o menos encubiertos, y en los noventa, con la popularización de internet, el contacto cibernético. Quien quiso tener sexo, de un tipo u otro, lo buscó y lo encontró.

Los activistas de la prevención del vih y el sida se mostraron desolados: la prohibición del espacio no sólo no detuvo la epidemia entre los hombres que practican el sexo con hombres sino que además, al clandestinizar esas prácticas, hacía mucho más inaccesible el que los programas y mensajes preventivos llegaran a quienes las llevaban a cabo. Los saunas, al menos, permiten saber dónde se está practicando sexo, y por tanto intervenir para promover e incrementar su seguridad. Cariño, no se trata de dónde o con quién, si no cómo se practica el sexo.

Viene esta reflexión a cuenta de la enorme polémica que se ha montado al raíz del anuncio hecho el pasado mes de febrero de que un equipo de Nueva York había “descubierto” la existencia de un súpervirus multirresistente a los fármacos actuales y de muy rápida progresión a sida. El caso, en resumen, es el de un neoyorquino de 46 años que declara haber mantenido en los últimos dos años centenares de relaciones sexuales, las más de las veces anónimas, y con frecuencia asociadas al uso de la droga “cristal meth” o metaanfetamina, un potente narcótico desinhibidor del comportamiento y excitante sexual. A este señor se le diagnosticó el vih por primera vez en diciembre de 2004, y a los dos meses ya tenía sida, se afirma.

Estaríamos ante una cepa muy virulenta y peligrosa, insistieron las autoridades, lo que justificaría el lanzar una alarma pública, y el rastreo de las parejas de esta persona para hacerles a su vez la prueba del vih y el análisis de sus cepas, para comprobar si es la misma.

Vamos por partes. Nada demuestra que esta persona no tuviera ya el vih antes de diciembre de 2004, lo que pondría en cuestión lo rápido de la progresión. Pero aunque así fuera, no es ninguna novedad: la literatura científica hace tiempo que ha identificado casos de progresores rápidos, personas en las que el vih deteriora el sistema inmunitario con más celeridad que en la media (de igual manera que al otro extremo existen lentos progresores, que tardan más de la media). Aunque está sujeto a debate, la mayoría de los científicos creen que la progresión rápida puede deberse a la combinación de varios factores, entre los que predominaría el de las características genético biológicas del huésped, esto es, que habría personas más propensas que otras.

David Ho, el científico afirma que la novedad estriba en que la rápida progresión se ha dado con una cepa multirresistente, algo no visto anteriormente. Resulta chocante que Ho patinara en este asunto con tanta facilidad, ya que está documentado que Julio Montaner, de Vancouver, expuso dos casos parecidos ya en la Conferencia de Retrovirus de 2001, y posteriormente ha habido otros publicados. Ho ha alegado ignorar esos antecedentes: demasiado para un supuesto “genio” en el campo de la investigación viral.

También llama la atención que estos investigadores hayan llegado a la conclusión de que el hombre de Nueva York tenía sida a partir del solo hecho de que su recuento de CD4 era inferior al límite de 200 células/ml, esto es, sin que concurriera ninguna enfermedad oportunista. Cierto es que es un marcador inmunitario por el que todas las directrices internacionales aconsejan iniciar tratamiento, pero quizá resulte apresurado decir que hay un sida evidente. En los primeros meses de la infección no es tan extraño detectar fuerte variaciones de los recuentos de células CD4 en la sangre periférica, como resultado de la interacción entre el vih y el propio sistema inmunitario. No se puede descartar que el individuo estuviera en una fase de inmunosupresión y que su propio organismo pudiera haber superado a las pocas semanas.

En cuanto al propio agente, el equipo de Ho no ha aclarado en ningún momento qué significado le da a términos como “supervirus” o “supercepa”. Estas expresiones un poco estentóreas en el habitualmente parco mundo de la literatura médica evocan las idea de que o bien el virus es más agresivo y deteriora antes el sistema inmunitario que otros, lo cual ya hemos dicho que es cuando menos cuestionable, o bien, se puede transmitir con mucha más facilidad de una persona a otra. Esto sí que sería digno de destacar ya que habitualmente los virus resistentes tienden a ser menos transmisibles (si es por esto por lo que se entiende “menos agresivos”, palabras que se han repetido hasta el aburrimiento en los medios de comunicación, sin saber muy bien ellos mismo qué querían decir): esto es, un virus multirresistente que se transmite con más facilidad que otros. Pero en el momento de redactar este artículo (23 de marzo ) el señor Ho todavía no ha encontrado ningún otro individuo con la misma cepa que nuestro amigo de 46 años, y ello pese a estar empleando técnicas de rastreo e interrogatorio dignas de la GESTAPO.(Ver nota inferior del editor)

A las pocas semanas del anuncio hecho a bombo y platillo de que “un hombre gay que tiene múltiples relaciones sexuales con otros de los que ni siquiera sabe el nombre en un contexto de uso de drogas” portaba un virus desconocido y mortífero, vamos conociendo otros detalles que hacen pensar que la precipitación política, la vanidad científica, la homofobia mal disimulada y el puro conservadurismo moral, han tenido más que ver con todo este asunto que el método científico.

Primero, Ho y su colega Marty Markowitz, ambos del Centro Aaron Diamond de Nueva York, reconocen que no pueden descartar que la población viral de nuestro hombre sea mixta, y albergue más de una cepa del vih. Segundo, la cepa detectada como multirresistente en realidad no lo es a tres familias de antirretrovirales si no sólo a dos (nucleósidos e inhibidores de la proteasa), por lo que el paciente está siendo tratado exitosamente con efavirenz y enfuvirtida (T-20). Y tercero, la cepa en cuestión es de tropismo dual, es decir, tiene capacidad para utilizar indistintamente como correceptores las quimicionas CCR5 y CXCR4, lo que aunque no suene mucho a la mayoría tampoco es un descubrimiento de última hora: hace unos años ya que se han descrito las cuatro variedades de tropismo viral (de CCR5, de CXCR4, dual y mixta), y se trabaja sobre ellas como dianas terapéuticas para el desarrollo de nuevos antirretrovirales.

La discusión sobre las implicaciones para la salud pública de este supuesto “hallazgo” corrió paralela a su puesta en conocimiento general. Thomas Frieden, el comisionado de salud de la ciudad de Nueva York, hizo un llamamiento para que los hombres gay con prácticas de riesgo se presentaran para hacerse pruebas de vih y de multirresistencia, evocando la sombra de los “grupos de riesgo”, una posición respaldad por el ya archifamoso David Ho. Curiosamente, ese mismo día, la única compañía en el mundo que puede realizar las pruebas de multirresistencia, ViroLogic®, emitía una nota de prensa en la que resaltaba las virtudes de su test de detección de resistencias, e incluía una cita, (qué casualidad), de Ho. Lo que ni la compañía ni el científico aclararon en ningún momento es que David Ho es miembro remunerado del Consejo Asesor Científico de ViroLogic®, y que su hermano Sydney es el responsable de relaciones públicas de la misma empresa. Algunos rivales científicos han resaltado esta conexión: ¿sólo envidia o evidente conflicto de intereses?

Pero volvamos al lugar de los hechos. Sin duda alguna, la metaanfetamina, como la cocaína o el nitrato de amilo (“poppers”), son drogas inmunosupresoras. Reiteradas investigaciones han sugerido que su toma durante actos sexuales no protegidos podría facilitar la transmisibilidad del vih. También son drogas que desinhiben el comportamiento, y en este contexto el uso del condón puede quedar relativizado o directamente obviado. Sin duda alguna, estamos ante un serio problema que la propia comunidad gay occidental debe afrontar con franqueza e inteligencia. Pero de ahí a prácticamente equiparar homosexualidad más uso de drogas a súper-infección mortal del vih hay un trecho bien largo, que se está cruzando con una actitud estigmatizadora y discriminatoria que en nada va a facilitar repensar los esfuerzos preventivos.

Esos días de febrero tuve que escuchar consternado como una corresponsal de una gran cadena de televisión española hablaba con desparpajo de la metaanfetamina como “la droga de moda en la comunidad gay” o leer como el redactor de un gran periódico nacional escribía “que no todos los implicados quieren colaborar voluntariamente con la investigación”. ¿Es que de verdad creían que estos hombres no se iban a resistir a ser tomados como puros vectores de una enfermedad en vez de seres humanos con derechos individuales inalienables, con las consecuencias que esto puede tener en sus vidas? ¿Cómo se podían invocar impunemente y de golpe las imágenes más estereotipadas y prejuzgadas sobre la homosexualidad?

En el tratamiento mediático del anuncio del caso de Nueva York ha habido desde luego, con la complicidad de los científicos y los políticos interesados, una maniobra moralista y simplista que renuncia a una perspectiva amplia de lo que está sucediendo. De entrada, ¿no habíamos quedado en que las prácticas de riesgo que están hoy día en aumento son las heterosexuales sin protección, y que el grupo que está siendo más afectado es el de las mujeres? ¿A qué entonces esta alarma sobre las relaciones homosexuales que recuerdan la histeria homófoba de hace dos décadas

 

Duendecillos diurnos Obra de Pedro Ali

 

 

El mejor método para incrementar la práctica del sexo homosexual más seguro, es el aumento de la autoestima personal y colectiva de hombres gay, del respeto a sus derechos civiles y el reconocimiento social y legal de la formación de sus familias y de sus relaciones sexo afectivas.

Es cierto, hay datos y estudios que señalan un repunte de casos de vih entre hombres que practican el sexo con hombres en ciudades industrializadas, pero como subraya Martín Delanay, fundador de la veterana Project Inform, resulta cínico responsabilizar a la comunidad gay estadounidense de la extensión de un nuevo supervirus del vih cuando los programas de prevención llevan años sufriendo recortes financieros estatales y sobre todo federales (todavía más en 2005, según el anteproyecto de presupuestos de la administración Bush), con el añadido de que los mensajes se han tenido que adaptar a la política que da prioridad a la abstinencia sexual y se pretende que toda la estrategia de abordaje del uso de drogas se reduzca al “simplemente di no” que defendió en su momento con admirable ahínco Nancy Reagan.

El meollo de la cuestión es decidir si para encarar el cansancio preventivo en la comunidad gay es preferible recuperar mensajes basados en el miedo a un virus letal, pese a que su eficacia nunca quedó demostrada, lo que trae consigo la estigmatización como “sujetos irresponsables que pasan virus resistentes a otros a sabiendas” o bien explorar sin prejuicios morales y desde una perspectiva de reducción de riesgos y daños las prácticas reales de los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres con el concurso de sustancias no autorizadas.

Si optamos por la opción de la alarma y el miedo, lo más probable es que las personas aludidas clandestinicen todavía más sus prácticas, no por miedo al virus, sino a ser juzgados y condenados por la sociedad y su propia comunidad, lo que dificultaría todavía más la posibilidad de llegar a ellas para establecer un diálogo constructivo. Si optamos por la opción del respeto y la comprensión, ofreceremos herramientas para la propia gestión del nivel de riesgo durante las relaciones sexuales y el uso de drogas, y posibilitaremos nuestra cercanía a quienes quizá utilicen las drogas y el sexo como vía para recuperar una autoestima disminuida en un clima de hostilidad hacia su identidad sexual y sus hábitos de vida.

Defiendo que el mejor método para incrementar la práctica del sexo homosexual más seguro, es el aumento de la autoestima personal y colectiva de hombres gay, del respeto a sus derechos civiles y el apoyo al positivo papel que desempeñan en el bienestar común por medio de la formación de familias y de relaciones sexo afectivas que tienen que ser social y legalmente reconocidas.

¿Por qué no probarlo?

*Joan Tallada: Activista comunitario en tratamientos; Organización: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del vih (gTt); Correo: jtallada@red2002.org.es


Nota del editor:
En Julio y en Brasil durante la III Conferencia de la Sociedad Internacional del sida sobre Patogénesis y Tratamiento del vih, se informo que después de una amplia investigación (digna de la Gestapo a decir del autor de este artículo), que analizo secuencias virales de 135 mil aislados de vih, se había encontrado al paciente “cero”, es decir a la fuente del virus adquirido por el paciente de Nueva York, se trata de un hombre de Connecticut que vive con vih hace 12 años, quien actualmente, tiene un virus prácticamente idéntico al del paciente de Nueva York y sostuvo relaciones sexuales sin protección con el paciente de Nueva York en Octubre de 2004. Estos hallazgos prueban que no se trata de una “nueva” cepa agresiva de vih, -como lo aseguraron los medios orquestados por personalidades científicas y políticas, de las cuales aún no se tiene claro que pretendían con este alarmismo que organizaron sin ningún respaldo científico-; También se demostró que este virus es sensible a los medicamentos efavirenz, delavirdina y T-20, -tanto el paciente de Connecticut como el de Nueva York están siendo tratados con éxito-, rebatiendo de esta forma lo dicho respecto a que ningún tratamiento era efectivo contra este tipo de virus. Al parecer esta nueva cepa surgió de un fenómeno de recombinación de los virus del paciente cero y el de su pareja, ya que ellos practican sexo sin condón, a la vez, esto último, demuestra que si es posible la re-infección y recombinación de virus, dando como resultado nuevas cepas de vih.
Después de este escándalo, lamentablemente, lo único que quedará en el imaginario colectivo son el estigma contra la comunidad homosexual y la discriminación que conlleva este tipo de noticias homofobicas, alarmistas y sin peso científico.

Fuente de esta información: www.gtt-vih.org “La noticia del día, Agosto 4 de 2005”.

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