En este
tupido entramado de organizaciones las que se han dedicado
a luchar por los derechos de los afectados por el sida,
se encuentran las que han producido los más pasmosos
resultados a lo largo y ancho del planeta.
Tal como Jonathan
Mann lo sentenció y muchos hoy lo reiteran, el vih
y sus devastadoras consecuencias han sido el fuelle alimentador
de las propuestas más avanzadas de defensa de los
derechos humanos. Y cuando este vínculo se establece,
el profano puede entrar a esclarecer el valioso papel que
ha jugado esta lucha en pro de los derechos, con los cuestionamientos
alrededor de los temas no comerciales de tratados de comercio,
que en sentir de muchos tienen de todo menos de comercio.
No cabe duda
de que las batallas de los activistas de Sur África
y Brasil en pro del acceso a las terapias antirretrovirales
fueron la llama de ignición de esta impugnación
concertada de las patentes en la industria farmacéutica
y contra la desproporcionada protección que los países
ricos pretenden obtener, camuflando este tema en los textos
de los TLC.
No dudo en calificar,
como mínimo, de perversa esta actitud, que atenta
contra el acceso de la población a los medicamentos
esenciales, y en consecuencia contra el bienestar de los
pueblos. Hoy, gracias a los activistas del mundo, la confrontación
entre los intereses comerciales y la defensa del bienestar
de la gente del país se ha hecho evidente en el innegable
distanciamiento entre las carteras de Comercio y de Protección
Social o Salud de los tres países andinos en cuanto
al tema de la salud en el tratado.
La asesoría
de expertos y organizaciones reconocidas por sus batallas
contra los abusos en la protección de las grandes
farmacéuticas, es también una clara muestra
de que cuando existe una opinión vigilante, deliberativa
pero dispuesta a recurrir a mecanismos más agresivos,
los Estados no tienen otra alternativa que darle cabida
en los procesos de la formulación de la política.
*Sociólogo;
Organización: Agenda Colombia; correo:carlosgarcia@agendacolombia.com